Acerca de:
Fidel Narváez
Perfil:
FIDEL NARVÁEZ nació en Managua, Nicaragua 1988; licenciado en Derecho por la Universidad Politécnica de Nicaragua (UPOLI-Managua); surge como bloguero en la primera edición de elnocturnodiurno.com, donde mantiene la columna «La sofistica». Ha participado en congresos y encuentros sobre filosofía y arte. En la actualidad realiza una maestría en Filosofía en la Universidad de Valencia, España, donde reside y prepara el libro de ensayos La herencia americana.
Website
http://www.elnocturnodiurno.com
Posts de
Fidel Narváez
El loco, entendido no como enfermo, sino como desviación constituida y sustentada, como función cultural indispensable, se ha convertido en la cultura occidental en el hombre de las semejanzas salvajes… Es el jugador sin reglas de lo Mismo y de lo otro. Toma las cosas por lo que no son y unas personas por otras; [...]
A José María Pascual. 1/ Éramos cuatro. Bajamos del tren que cogimos en Segovia. Caminamos por sus líneas y todo era oscuro, como algunos caminos de Nicaragua. Todo aquello parecía una cuadrilla de abigeos. Una operación de un tercio español en la fría Flandes. Al llegar cogí leña y encendí una chimenea. El humo invadía [...]
En nuestra época, tan reflexiva y razonadora, no llegará muy allá quien no sepa aducir una razón fundada para todo, por muy malo y errado que ello sea. Todo el mal que se ha hecho en el mundo, se ha hecho por razones fundadas (Hegel, Enzyklopädie, primera parte: Lógica, p. 259). A los cortadores de [...]
Ya no hay más máscaras, han sido las mismas personas de siempre, porque máscaras y personas son lo mismo, se alimentan entre sí, y agrandan su inherente relación, son un géminis que camina por la calle, entran al banco y van al médico. Preguntarle a Oscar Wilde por qué dice en su ensayo Sobre la [...]
Lo que ha pasado volverá a pasar, y lo que se ha hecho se volverá a hacer, y no hay nada nuevo bajo el sol. Eclesiastés 1:9. Cuando intempestivamente nos acomete la incertidumbre de “no sé distinguir entre besos y raíces… lo complicado de lo simple”. Entonces, de impronta, la incertidumbre es el propio límite, [...]
Quizás los muertos tengan algo que decir, y quizás también puedan hacer en (¿su otra?) vida lo que aquellos ya no pueden hacer, porque los cementerios no son salones de conferencias, ni nadie prestaría oídos al suelo para escuchar el lamento de los vivos.